
The Psychedelic Furs, “Pulse”
Alemania jugó fácil al fútbol, poniendo un artículo, un sustantivo, un verbo y un predicado. Es raro que, si escribes así, no acabes por hacerte entender con el gol. Por algo decía Josep Pla que la mejor frase que se ha hecho nunca es «La puerta es verde». Corta, clara, al pie. Argentina, sin embargo, opuso una severa resistencia hasta el minuto 113, cuando el invierno de la prórroga ya hacía estragos en las defensas. Pese a la nieve y el frío, Mascherano, Demichelis y Garay rechazaron todas las intentonas rivales de construir una oración con la palabra gol, bajo la disculpa de que en alemán ellos apenas sabían decir «guten morgen». Pero en una prórroga a menudo existe un segundo dramático, cuando pisas un trozo de madera podrida, en el que el suelo se hunde y la vida se precipita. Es irremediable. Ocurrió en el minuto 113. Shürrle recibió por banda izquierda un balón con el que se citó a ciegas. «Es bonito no saber nada el uno del otro», le dijo el delantero, como Marlon Brando a Maria Schneider en El último tango en París, mientras no se cansan de hacer el amor. En el último instante, sin mirar si un centrocampista acompañaría la ofensiva y estaría en su lugar a la hora señalada, Shürrle centró al área, casi haciendo una suposición. Por allí, salido de la niebla, aparecería el pequeño Götze, que controló el balón con el pecho, y sin dejar que cayese, por si se rompía en pedazos, lo mandó a la cama. Gol y Mundial de una tacada. El futbolista del Bayern, que salió del banquillo en el minuto 88, en forma de pieza de repuesto, es la clase de jugador desequilibrante ante el que Héctor «Bambino» Veira hubiese admitido que «este pibe es un fenómeno, te hace un asado debajo del área».
Para llegar hasta ahí Alemania y Argentina se batieron con un fútbol opuesto, pero sin reservas. La selección de Löw llegaba a portería después de dar treinta toques. Eso equivale a escribir una novela, con comienzo, nudo y desenlace. Al equipo de Sabella, en cambio, le bastaba con garabatear tres pases. El tiempo que tardas en encontrar un lápiz entre los cojines del sofá. Así, fulgurantemente, llegó su primera ocasión. Una cesión errática de Kroos dejó a Higuaín solo ante Neuer. La oportunidad de gol era tan clara que el Pipa la vio oscura, con forma de ecuación de segundo grado. En el fondo, parecía demasiado buena para ser verdad, y eso confundió a Higuaín, que se sacó un error histórico de la chistera. «Era poco matarte», debieron pensar sus compañeros, mientras el balón se perdía decepcionado y triste por la línea de fondo. Fue uno de esos fallos que se vuelven tatuajes. Te lamentas esa noche, y el día de tu boda, y en la comunión del niño. Te lamentas, por última vez, el día de tu entierro. Quizá por eso, cuando a los pocos minutos el árbitro anuló un gol en fuera de juego del propio Higuaín, el delantero corrió a celebrarlo hasta el más allá del córner, soñando que era el colofón a la jugada anterior, que en la moviola, a la segunda, había salido perfecta.
En previsión de que el partido pudiese ser fácil para los germanos, en el calentamiento se lesionó Kedhira, y a los treinta minutos de la primera parte Kramer, su sustituto. Entretanto, la selección presionaba furiosamente, igual que esos funcionarios de correos que cuñan los paquetes sin compasión y el golpe se escucha en el extranjero, y a la recuperación de la pelota se lanzaban hacia el marco de Romero, que, claramente, parecía deber dinero cuando no a Müller, a Shürrle o a Klose. En esas, Kroos botó un saque de esquina, al grito de «queda inaugurado este córner», que dejó a Howedes solo, aunque atribulado, como si acabasen de pedirle el divorcio, y remató incomprensiblemente al palo. El gesto fue el de golpear con la cabeza no un balón sino una puerta que se resiste a abrirse.
Durante la retirada a vestuarios, se notaba que Higuaín, perseguido por los demonios, se iba lamentando en silencio. «Pero cómo pude…»
En la reanudación Alemania se hizo la muerta y de mano de un Leo Messi encendido los argentinos abordaron con fuego las inmediaciones de Neuer. Boateng y Hummels, inmensos, sofocaron las llamas a pisotones. Hasta ese momento, el delantero argentino había sugerido, con un par de desbordes, que tal vez estuviese de vuelta y que acabaría con todos, mujeres y niños incluidos. ¿Qué importa un pequeño retraso de meses, si al final llegas? Eso obligó a Alemania a doblegar la vigilancia, no fuese a cometer el chaval el error de una genialidad. La mordaza recordaba a los policías de paisano que en los años sesenta se sentaban en la primera fila de los shows de Lenny Bruce, el padre del stand-up comedy, preparados para saltar al escenario. En especial desde que un año antes tuvieron que detenerlo por emplear la palabra «chupapollas» en su monólogo. Pero todo fue un espejismo. La sensación es que el Mundial se acabó y todo el fútbol de Messi, que solía ser un pez gordo, se quedó en una caja sin desembalar. Y eso es durísimo. Ya decía Errol Flynn que «cualquier hombre al que a la hora de la muerte todavía le quedan diez mil dólares es un fracasado».
Poco a poco el partido fue adquiriendo aspecto de prórroga. El peligro no estaba a la vista, pero de pronto se oía el disparo de un francotirador, apostado en la sombra de una ventana, y lo siguiente que se veía era un sombrero que salía volando, y alguien que conservaba la vida de milagro. Alemania estuvo a punto de perderla ya en el tiempo extra, cuando Palacio se vio cara a cara con Neuer. Poco hablador, taciturno, y preparado para irse al infierno en cualquier momento, un delantero a menudo desprecia las obviedades, y un gol cantado lo es. Tras el fallo, Palacio retomó su posición, hablándose como un personaje de western que rechaza un buen trago alegando que él nunca bebe. «Juego, voy de putas y dejo esposas abandonadas. Beber sería demasiado». Precisamente porque lo interesante es topar con dificultades, y el placer del fútbol está en resolverlas, cuando olía ya a penaltis, Shürrle centró con los ojos cerrados y Götze, con dos monosílabos, cerró el Mundial.
Juan Tallón es autor del libro Manual de fútbol, editado por Edhasa.
Hace poco que los EE UU parecen haber aceptado que su famosa cruzada contra la droga ha sido un fracaso. Lanzada en 1971 por Nixon como una iniciativa de salud pública por las adicciones de la generación de Vietnam y radicalizada en el 81 por Reagan, solo ha logrado incrementar tanto el poder de los cárteles como el abuso de las sustancias. Pero este conflicto no nació en el vacío, si no que es el resultado de un continuo que puede rastrearse hasta principios del siglo XIX.
Dessa Bergen-Cico, investigadora de la universidad de Siracusa y autora del libro War and drugs: The Role of Military Conflict in the Development of Substance Abuse, pone la primera piedra en este camino en los dos conflictos militares de mediados del XIX que llevaron a Inglaterra a luchar por el privilegio de venderle opio a China.
A la guerra para comerciar con opio
«Básicamente», explica al teléfono desde Canadá, «China solo quería comerciar con piezas de plata, pero había una escasez de esta materia prima debido a que España había comenzado a acuñar moneda con ella». Inglaterra, que necesitaba comprar té, observó que en el país del Centro había un creciente interés en el opio, del que los chinos habían desarrollado una nueva forma de consumo altamente adictiva: fumarlo mezclado con tabaco. Pese a las continuas prohibiciones de los emperadores, la droga seguía llegando gracias a la corrupción de los funcionarios portuarios.
En 1830, Inglaterra exportó a China unas 700 toneladas de opio desde India, que en 1833 se triplicaron hasta las 2.000. Para entonces, el 27% de los hombres chinos eran adictos y su esperanza de vida era de seis años después de iniciar el consumo, si era crónico, y de 20 si era eventual. En 1839, tras la destrucción de grandes cantidades de opio inglés a su llegada a los puertos de China, Inglaterra va a la guerra para asegurar su comercio.
El abuso del opio por parte de todos los estamentos de la sociedad china hizo, en opinión de Bergen-Cico, «más manejables y dóciles» a los soldados asiáticos, cuyo gobierno se rindió a los tres años al firmar el tratado de Nankín, por el que cedían el control de Hong Kong y abrían cinco puertos al comercio británico, tanto de opio como de otros objetos. A este le siguieron otra serie de tratados desventajosos para China con EE UU y Francia y esta guerra se convirtió en la primera que usó la droga como arma para dominar a una población.
En 1860, cuando finaliza la segunda parte de este conflicto, iniciado en 1856 con el asalto del barco Arrow, acusado de contrabando por oficiales chinos, Inglaterra exportaba ya 6.000 toneladas de opio a China. «Este comercio comenzó a ser extremadamente lucrativo para los poderes coloniales», argumenta Bergen-Cico, «así que se convirtió en el modelo con el que también Francia, Holanda y en cierta manera España financiaron sus imperios: vender opio a China y al sur de Asia».
El monopolio francés
En este proceso, los franceses lograron establecer una gran colonia, la Indochina francesa. Esta se componía principalmente de los territorios actuales de Laos, Vietnam y Camboya. En 1881 establecieron en Saigón una organización gubernamental llamada Manufacture d’Opium, encargada de controlar el monopolio del opio, que vendían principalmente a la población vietnamita.
Cuando está a punto de estallar la II Guerra Mundial, había en la Indochina francesa unos 2.500 fumaderos de opio y, según glosa el libro de Bergen-Cico, el 15% de los beneficios franceses venían por impuestos a la adormidera. «Este comercio fue uno de los catalizadores de la expulsión de los franceses de Vietnam», razona, «ya que los locales veían esta venta y adicción como una forma de abuso y esclavismo». Su lucha por la independencia culminó en 1954 con la proclamación de las naciones de Camboya, Laos y de dos Vietnam, uno comunista al norte del paralelo 17. En este momento, el comercio global de opio estaba en su punto más bajo. EE UU, deseoso de machacar rojos allá donde surgieran, entró en su guerra más famosa y volvió a florecer la adormidera.
La heroína como arma de guerra
«En Vietnam los comunistas hicieron que fuera sencillo para los soldados estadounidenses y británicos en el sur conseguir heroína y marihuana y así les era más fácil vencerles, si estaban bajo sus efectos», aclara. Se estima que para el final de la guerra, un 30% de los reclutas volvieron con algún tipo de problema de drogas y algunos comandantes estimaban que el 75% fumaba hierba.
Mientras, en la madre patria, los movimientos pacifistas hacían del consumo de marihuana y LSD un símbolo de su lucha contra el sistema, pero poco a poco crecían los usuarios de heroína. Esta entró en principio a través de las cadenas de suministro del ejército. «En parte se debía a una transferencia social basada en el desconocimiento de la juventud de si iba a ir o no a la guerra», explica Bergen-Cico, que creció durante estos años.
De cerca de 57.000 adictos a la heroína en EE UU en 1965 y de contabilizabar dos hospitalizaciones mensuales por sobredosis en 1970, se pasa en 1975 a 560.000 adictos y dos sobredosis diarias. Una parte de los veteranos de Vietnam aplicaron sus conocimientos para el crimen, como los que se integraron en bandas de motores como los Hell’s Angel o los Mongols o los pilotos que volaban bajo el radar en la frontera sur del país para traer droga desde Latinoamérica.
En 1971, Nixon anunciaba su guerra contra las drogas; en el 73 se creaba la DEA y en el 81 Reagan radicalizaba su enfoque, centrándose más en la militarización que en las políticas de salud pública. Curiosamente, mientras hacían esto, se planeaba en Afganistán la operación Mosquito. Esta buscaba usar la táctica de la heroína como arma de guerra, justo como los norvietnamitas habían hecho contra EE UU.
La idea era que se fomentaría el cultivo opio en la zona y luego se suministraría a los soldados soviéticos. Aunque el segundo paso no llegó a ponerse en práctica, el primero sí que sentó las bases para el narcoestado afgano. Entonces, solo el 5% de la heroína mundial usaba la cosecha afgana. Hoy, según las Naciones Unidas, es el 90%.
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Para este momento de la semana es casi un hecho que casi todos vieron la foto de Steven Spielberg posando con un rifle y un triceratops muerto. Esta foto, que data del tiempo de Jurassic Park en 1993, fue publicada en Facebook el domingo pasado por Jay Branscomb para mofarse del cáos causado por una porrista texana que posó con varios animales que cazó en Zimbabue.
La fotografía se volvió viral, a la fecha ya se ha compartido más de 30.000 veces y ya supera los 6.000 comentarios. Lo que llama la atención es que muchas personas cayeron en la trampa y comentaron lo HDP que era el director por matar a un inocente triceratops. Unos fueron más allá y amenazaron que jamás verían sus películas:
- ¡Es Steven Spielberg!
- No me importa quien sea, no debió matar a ese animal.
Acabo de reportar la foto. Espero que todos nos unamos para detener a estos cobardes.
Asqueroso. Apuesto a que solo se quedó con los cuernos.
Pero el que se llevó las palmas viene de esta señorita
Es un asqueroso imbécil inhumano, me encantaría ver que frenaran a estos cazadores. Creo que los zoológicos son los mejores lugares para mantener seguros a estos inocentes animales. Imbéciles como este pedazo de mierda están yendo a las CASAS de estos animales a matarlos...esto no difiere mucho del hecho que alguien venga a tu casa a asesinarte...es lo más egoista de la gente que caza, no tienen educación y su forma de pensar es que bueno, hay sobrepoblación de estos animales y de cualquier modo morirán. Pues hay sobrepoblación de SERES HUMANOS y ADIVINEN qué pasaría si usáramos esa excusa para matar a un inocente, estaríamos en prisión. Creo que es tiempo de decir la misma cosa acerca de los derechos animales Steven Spielberg, me has decepcionado. Nunca veré otra de tus películas ASESINO DE ANIMALES.
Si tienen paciencia para cargar los 6.000 comentarios se darán cuenta de lo gracioso que puede ser la ignorancia de estas personas. Lo mejor se encuentra en los primeros 500 comentarios, incluso algunos amenazaron con denunciar a Spielberg ante PETA.
Sabemos el impresionante crecimiento que ha tenido el internet, disfrutamos de sus alcances, de lo mucho que esta tecnología ha cambiado nuestra vida en todos los sentidos. Es importante recordar como estas comunicaciones se realizan y todo el trabajo que está detrás de algo que ya nos resulta cotidiano.
Verdaderas autopistas de información se han tendido a lo largo de los océanos que conectan a los continentes y este GIF resume el proceso que ha llevado estas intrincadas conexiones a lo largo de estos años. Si se accede a Builtvisible se encontrará la historia de esta tecnología y el mapa interactivo del cableado, también cómo lucirá en 2017 este cableado submarino.
Suburban Noir, Bruce Evans