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El Gobierno argentino flexibiliza el ingreso de dólares un día después de los comicios

En una de sus primeras decisiones postelectorales, el Gobierno argentino flexibilizó hoy el ingreso de dólares en el país para invertir en bienes de capital y pagar impuestos.

Mediante dos resoluciones publicadas en el Boletín Oficial, el Ministerio de Economía dejó sin efecto los requisitos que rigen desde 2005 para la entrada de divisas a aquellos fondos destinados "a financiar la incorporación de equipamiento industrial y tecnológico de empresas establecidas en el país" y "al pago de obligaciones tributarias".

Estas operaciones quedan exentas de la obligación de depositar el 30 % del monto total a ingresar en un depósito bancario durante un año.

"Restringir el acceso a fuentes de financiamiento destinadas a ampliar en forma genuina la capacidad productiva impacta en forma negativa sobre el proceso, con el consecuente efecto desfavorable sobre el desempeño macroeconómico", indica una de las resoluciones firmadas por el ministro argentino de Economía, Hernán Lorenzino.

Además, la cartera económica destacó "el destino no especulativo de dichos fondos" para justificar la decisión.

El cambio deja sin efecto para los casos citados un decreto de 2005 que obligaba a depositar en una cuenta bancaria en dólares durante el plazo mínimo de año el 30 % de la suma ingresada en el país con el objetivo de frenar la entrada de fondos especulativos.

La resolución fue firmada por Lorenzino diez días atrás, pero se oficializó hoy, un día después de las elecciones legislativas, en las que el oficialismo retuvo una ajustada mayoría parlamentaria, pero perdió en los grandes distritos de Argentina.

John Tottenham

The Walking Dead

englishsnow: by Anastasia Autumn

Gravity: cine con mayúsculas

Gravity1

Casi toda la crítica se ha puesto de acuerdo para elogiar el último largometraje del mexicano Alfonso Cuarón, y la verdad es que habría que ser muy atrevido para llevarles la contraria, porque la cosa es bien simple: Gravity es uno de los espectáculos cinematográficos más apabullantes que servidor ha visto en bastante tiempo y una de las mejores películas de los últimos tiempos.

Cabe aclarar antes que nada que la he visto al modo clásico, en dos dimensiones: el 3-D me aleja demasiado de la historia que se narra y personalmente prefiero el formato convencional; cuestión de gustos, supongo. Por ello, antes de verla temía que Gravity pudiera haber sido filmada con la mirada excesivamente puesta en el efecto tridimensional, lo cual se nota en su versión bidimensional y arruina un tanto la experiencia en aquellos espectadores que no quieren ponerse gafas. Pero la verdad es que no ha habido nada de eso. Únicamente en las secuencias iniciales se nota el peso de haber filmado de cara a los alardes del 3D. Durante el resto del film, por fortuna, manda la narración sobre cualquier otra cosas y si usted es un espectador clásico al que le gusta ver todo en dos dimensiones, no tema: vaya a verla; no echará de menos el 3D.

El argumento es bien simple y cualquiera que haya visto el trailer se hará a la idea: una astronauta queda a la deriva después de un accidente orbital, flotando en el espacio con lo que parecen muy escasas posibilidades de supervivencia. A partir de ahí contemplamos su angustiosa lucha por evitar un desenlace fatal que parece cantado. Pero sería un tanto inexacto etiquetar esta película como de hard science fiction (lo parece, pero no estoy nada seguro de que sea ciencia ficción) porque sobre todo es una película de suspense y de acción en la más noble acepción del término: suceden cosas todo el tiempo, pero nunca suceden de manera gratuita. Un acontecimiento lleva al siguiente y una secuencia conduce a la siguiente de manera perfectamente natural. Así, pese a que el ritmo de la acción es muy alto —el espectador apenas tiene un respiro en su butaca— la película no se antoja atropellada ni sobrecargada. Al contrario: cada escena cuenta, no hay un minuto de metraje que esté de más, ni se perciben lagunas o irregularidades. La solidez de su estructura sería digna de estudiar en escuelas de cine. Ah, y se agradece, y mucho, que el guión no nos castigue con obviedades, con redundancias y con explicaciones superfluas de esas que tanto abundan en Hollywood. La historia es sencilla, rápida, simple y directa. Y se nos cuenta de manera igualmente directa. Pero se trata al espectador como el ente inteligente que se supone es, al que no hay que estar explicándoselo todo constantemente.

El apartado narrativo y visual es simple y llanamente apabullante. Para empezar, está el increíble pulso con el que Cuarón maneja los tiempos, alternando escenas de acción, de drama, de suspense, de angustia… Su virtuoso manejo de la cámara en secuencias de acción era algo que ya habíamos visto en momento concretos de la magnífica Hijos de los hombres, por ejemplo, pero es que aquí eleva ese virtuosismo al paroxismo. Cuando sucede algo en pantalla, al espectador no se le da tregua, algo muy difícil de conseguir sin sobrecargar el metraje de planos innecesarios, ruidos y estímulos confusos. Cuarón es capaz de tensar el hilo del suspense en apenas unos segundos y poner al espectador al borde de su butaca con una facilidad extraordinaria, ya sea con un gran despliegue de efectos o sencillamente con imaginativos recursos expresivos. Esto es talento para la narración visual pura y dura. Claro, el monumental apartado de efectos especiales ayuda mucho, pero de nada hubiesen servido esos efectos si el director no hubiese sabido planificar las secuencias y los movimientos de cámara con semejante maestría, o si la película no hubiese sido escrita y producida con inteligencia y saber hacer. Un ejemplo: Cuarón no se vale únicamente de los FX, sino de tácticas como una hábil manera de alternar la visión subjetiva del personaje principal con la visión objetiva de la cámara externa a él: a veces somos observadores, a veces lo vemos todo a través de los ojos de la protagonista… nadie nos avisa del cambio, pero lo entendemos perfectamente y jamás nos parece forzado. Una delicia. En esto y en casi todo lo demás, Gravity es un ejercicio de virtuosismo de Cuarón y de todo el equipo que ha participado en el film.

Decimos que es magnífica en cuanto ejercicio de narrativa directa, de suspense, de acción y de espectáculo, pero como contrapunto no posee un valor estético particularmente descollante. Entiéndaseme: si bien es verdad que el apartado visual impresiona, y mucho, lo hace más por lo espectacular de las perspectivas y los efectos que por el cuidado de la imagen como un arte en sí. Dicho de otro modo: Gravity nos muestra a un Cuarón genial en lo narrativo y apabullante en cuanto a sabiduría técnica, pero esta es una película poco pictórica. No lo digo como comentario negativo; no tendría por qué ser pictórica, eso está claro. Es otro tipo de film. Sencillamente, dentro de su grandeza, le falta (y siempre a mi juicio) ese elemento estético que la convierta en un puntal artístico. Es posible, y solo posible, que en el futuro se vea esta película más como un escalón importante en el progreso de las técnicas visuales que como una obra de arte en sentido amplio del término. Y tampoco tendría por qué serlo: Cuarón juega aquí a sumergir al espectador en un viaje angustioso; sabe perfectamente que Gravity es una película que nadie volverá a disfrutar tanto como la primera vez que la ve, porque es una película efectista (una vez más, ¡en el buen sentido del término!) y en cierto modo es como un rifle con un solo cartucho, que nunca nos volverá a herir igual… pero su primer y único disparo es verdaderamente apoteósico. Eso sí, siempre podremos verla una y otra vez para descubrir los laberínticos recursos narrativos de un Cuarón en estado de gracia, que aquí más que nunca se está destapando como un visionario.

Dicho esto de que la acción es lo que manda, la película no carece completamente de poesía (¡ese magnífico final!) pero por suerte la que hay cae por su peso, no se nos arroja a la cara gratuitamente. Incluso podría decirse que el único elemento melodramático metido más o menos con calzador en el argumento —lo del recuerdo a la hija de la protagonista, quien lo haya visto sabrá a qué me refiero— termina acomodándose bien en la historia y en ningún momento llega a arruinar la marcha del film, al contrario de lo que sucede en tantas otras películas. Alfonso Cuarón ha logrado evitar el gran error que cometerían muchos otros directores en su situación: ha evitado la tentación de ponerse excesivamente trascendente y ha dejado que sea la propia historia, en su versión más simple, la que despierte en los espectadores esa sensación de trascendencia que el guión no introduce artificialmente. En esta misma línea, el bellísimo mensaje del film, su moraleja final, está expresado con una sutileza tal que realmente llega a emocionar tanto o más por cómo ha sido expresado que por lo que significa en sí mismo. Gravity es un triunfo para Cuarón tanto en lo que ha hecho bien como en lo que ha dejado de hacer mal. No ha pecado ni por defecto ni por exceso.

Para colmo, me ha sorprendido muchísimo la interpretación de Sandra Bullock, una actriz por cuyo trabajo nunca había sentido el menor interés, al menos hasta ahora. O, dicho de manera más franca: lo cierto es que no esperaba que fuese capaz de ofrecer un recital semejante. Porque es ella quien se carga la película a las espaldas —George Clooney es un eficaz acompañante, pero eso: un mero acompañante— y, casi milagrosamente, no peca nunca ni por defecto ni por exceso. Es más, en algunos momentos está verdaderamente sublime, algo que he de confesar no tenía planeado contemplar. Por ejemplo: el primer instante en que la vemos a la deriva tras el accidente… su mirada es una impresionante combinación de confusión y pánico que inmediatamente hace comprender al espectador en el plano emocional en el que se mueve. No he visto todas las películas anteriores de Sandra Bullock (ni ganas) pero me sorprendería encontrar otra donde su trabajo raye a semejante nivel. Y dada la enorme importancia de su personaje, no podemos infravalorar la aportación fundamental que Bullock ha hecho para que la película termine de ser redonda. No todo son efectos visuales ni golpes de talento de Cuarón: hay momentos en los que ella debe mantener el nivel únicamente con su interpretación, y para mi asombro, ¡lo consigue! Quizá es que nunca le presté suficiente atención o quizá es que aquí se ha encontrado a sí misma como nunca antes.

Por ponernos puñeteros y señalar un minúsculo defecto: los diálogos del film raras veces están a la altura de la tremebunda narración audiovisual en que se encuadran. Hay excepciones; seguramente la secuencia en que Bullock habla en soledad ante una radio sea la más señalada. Pero bueno: Gravity no es una película de muchos diálogos, así que el detalle tiene más bien poca importancia.

En resumen: por una vez los efectos especiales y los recursos tecnológicos han sido puestos total y completamente al servicio de la historia que se narra, y no a la inversa. Gravity es cine con mayúsculas y directamente humilla espectáculos vacuos y estúpidos como Avatar o Prometheus. Dudo que haya muchos espectadores que no vayan a sentirse como en un carrusel mientras ven Gravity, aunque no sean aficionados a la acción o a la ciencia ficción (aunque no sabría si colocar este film más en la primera categoría que en la segunda). Quizá no sea el cine más conceptualmente profundo, ni el cine más estético en el sentido clásico, ni el cine más complejo argumentalmente, ni el que está más cargado de reflexiones humanas o filosofía. No son esas sus virtudes ni tendrían por qué serlo tampoco, ya que este es un film de acción y entretenimiento, nada más. Pero sí puede decirse una cosa con total seguridad: este mismo argumento, el que se narra aquí en toda su sencillez, muy difícilmente podría haber sido mejor y más brillantemente narrado. Porque esto es cine con mayúsculas.

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El tornillo de la pastilla izquierda del freno de la rueda posterior de la bicicleta de Ulrich Fuchs o la incomensurabilidad de Wikipedia (parte 1)

wikipediaPor alguna razón que no alcanzo a comprender, hay una escena de la serie de televisión Farmacia de guardia que siempre he recordado con especial viveza (en realidad, habría dos si en algún capítulo de la susodicha alguien hubiera explicado por qué vender homeopatía es una estafa… pero no se pueden pedir peras al olmo: afortunadamente existe Futurama para llenar ese vacío).

La escena a la que me refiero no tiene nada de especial. Es una conversación entre dos niños que están consultando la palabra «fimosis» en el diccionario. «En el diccionario está todo, ya verás», decía el benjamín de la familia protagonista, abriendo con avidez el grueso volumen. El sketch estribaba en el hecho de que cada definición de una palabra contenía otra palabra que también ignoraban, lo que les conducía a buscar un nuevo término, y así sucesivamente, de acepción a acepción, agigantando su conocimiento a la vez que se agigantaba su ignorancia, como el pez que se muerde la cola. (Probablemente la escena no se desarrollara exactamente así, pues el tiempo oxida los recuerdos, pero eso no es lo relevante ahora mismo). Este sketch, probablemente de forma fortuita, se parece al quid epistemológico del problema que Charles Dickens describió en Los papeles del Club Pickwick (1836), donde un hombre leyó un artículo inexistente en la Enciclopedia Británica (el de metafísica china) sencillamente leyendo primero el artículo sobre «metafísica» y, a continuación, el de «China».

Guille, que así se llamaba el niño pelirrojo que protagonizaba la escena de Farmacia de guardia, no disponía aún de un acceso a Wikipedia. De hecho, ni siquiera disponía de acceso a Internet. Si ahora rodaran un remake de aquella infausta serie, la escena de marras todavía haría más gracia.

Imaginemos, por ejemplo, que Guille viaja a nuestra época, accede a Wikipedia para averiguar el significado un término tan anodino como «gato». Aunque se centrara exclusivamente en la acepción más popular (la mascota ronroneante que protagoniza un significativo porcentaje de ñoñas fotografías en la Red), Guille podría verse atrapado en mitad de una guerra de ediciones, como la que tuvo lugar durante tres semanas de finales del año 2006. Al parecer, los editores de Wikipedia estaban en profundo desacuerdo sobre un punto, casi filosófico, a propósito de la acepción de «gato»: ¿cómo debían referirse a quien tiene un gato? ¿Dueño? ¿Cuidador? ¿Compañero humano? La discusión ocupó una extensión similar a la de un libro pequeño. ¡Y todo por una palabra corriente! Tal y como señala James Gleick en La información:

Ha habido guerras de ediciones sobre las comas y sobre los dioses, guerras fútiles sobre ortografía y pronunciación o sobre disputas geopolíticas […] La opinión de los expertos difería, y todo el mundo era un experto.

Pero ¿quiénes son esos expertos?

Fiabilidad

Con el advenimiento de las primeras enciclopedias, han sido los eruditos los encargados de compilar el conocimiento procedente de fuentes autorizadas. Primero fueron personas individuales, como Aristóteles en la antigua Grecia o, cuatrocientos años más tarde, Plinio el Viejo, con 37 volúmenes donde vertió los conocimientos de la época.

Siglos más tarde, el saber humano creció de tal modo que las enciclopedias ya sólo fueron posibles gracias a la colaboración de diversos expertos, como la Encyclopédiede Diderot y D´Alembert, en la que participaron las mentes preclaras del París de 1700 como Voltaire o Rousseau. Esta hazaña, que requirió 29 años de trabajo, se tradujo en una obra monumental de 27 volúmenes compuesta por 72.000 artículos, 16.500 páginas y 17 millones de palabras. Una obra monumental que, no obstante, incurría en errores de bulto como que «La población es constante en tamaño, y así permanecerá hasta el fin de la humanidad»(Malthus se hubiera removido en su tumba). Unas décadas antes, sin embargo, la mayor enciclopedia de todos los tiempos había nacido ya en China bajo el nombre de Gujintushujicheng: tenía 745 volúmenes, aunque en realidad fuera una antología de otras obras.

Todas estas obras, nacidas del esfuerzo de personas inmensamente eruditas, palidecen si las comparamos con la nueva concepción de enciclopedia que surgió a principios del siglo XXI. Sobre plano, el proyecto no tenía visos de éxito, pero finalmente se ha convertido en el mayor compendio de saber de la historia. Jimmy Donal «Jimbo»Wales, un empresario de Internet, fue su artífice junto al filósofo Larry Sange, y su planteamiento fue relativamente sencillo: una enciclopedia colectiva abierta, autoorganizada, descentralizada, en la que la jerarquía entre eruditos y aficionados se desdibujara. ¿Academicismo y saberes tipo Sálvame en un mismo proyecto? Nadie hubiese apostado por algo así. Sin embargo, el repetido eslogan del proyecto (Wikipedia, the free enciclopedia thatanyone can edit) dio unos frutos espectaculares, en parte, también, al hecho de que todo su material publicado puede ser manipulado y distribuido sin previo pago de cánones gracias a la licencia con la que se regula: una combinación de las licencias GNU Free DocumentationLicence y CreativeCommons (ésta última fundada en 2001 porel catedrático y abogado norteamericano Lawrence Lessig, autor deautor de Cultura Libre).

Según los propios cálculos de Wales, 50.000 colaboradores de Wikipedia equivalen a 1 Plinio el Viejo. Sea o no un cálculo muy sui generis, lo cierto es que la mayor virtud de Wikipedia es su fluidez, su agilidad y su ritmo de actualización constante y gratuita: hasta entonces, la mayoría de las enciclopedias empezaban a envejecer justo en el instante en que eran impresas. Y los proyectos de enciclopedias digitales que nacieron antes de Wikipedia, como Encarta de Microsoft (considerada la más exitosa enciclopedia en CD-ROM de la historia), nada pudieron hacer por competir contra Wikipedia, pues los contenidos no eran gratuitos y no podían editarse. Encarta, así como la primera enciclopedia que puso al alcance del ciudadano material multimedia, la Compton´sencyclopedia, o incluso el contenido online de la Enciclopedia Británica lanzado en 1994, en su esencia se comportaban como lo hicieron los medios de comunicación tradicionales. Eran enciclopedias creadas por bits, en efecto, pero su modelo de distribución perpetuaba el modelo de los átomos. Wikipedia, por el contrario, se aprovechaba del modelo propiciado con la irrupción de la web 2.0 y la filosofía del conocimiento digital libre y gratuito.

Con todo, no sería justo conceder todo el mérito a Wikipedia: antes de su existencia ya se habían manifestado proyectos semejantes, como Interpedia, creada por Rick Gates, que vio la luz en octubre de 1993. Tras meses de discusiones sobre los formatos de contenidos que podrían aparecer o del lenguaje de programación, el proyecto ni siquiera logró materializarse. En 1999, uno de los mayores defensores del software libre, Richard Stallman, dio a conocer su intención de crear GNUpedia, una enciclopedia de contenido libre, pero finalmente no la llevó a cabo. Con posterioridad a la eclosión de Wikipedia, también se han estado gestando otros proyectos similares, como Google Knol, lanzada en 2007 por Google que pretende retribuir a los articulistas mediante la inserción de anuncios. O Citizendium, también de 2007, impulsado por ex socio de Wales, Larry Sanger, que intenta recuperar el espíritu de Nupedia.

El nacimiento de Wikipedia se produjo casi fortuitamente, pues en realidad surge como un proyecto secundario de Nupedia, una enciclopedia online elaborada por expertos. En esencia, Nupedia era idéntico a Wikipedia, salvo por el hecho de que sólo la escribirían usuarios con crédito intelectual o académico, para así asegurar cierto grado de calidad y fiabilidad. Esta filosofía es la que defendía Sanger. Por otro lado, Wales apostaba por una enciclopedia basada en el trabajo de una comunidad de editores anónimos, a los que no se les exigiera ningún tipo de crédito. El primero, pues, apostaba por el modelo tradicional; el segundo, por la «inteligencia colectiva». Sus diferencias fueron irreconciliables, Sanger y Wales partieron peras, y en 2001 Wales se desvinculó definitivamente de Nupedia para dedicarse a fundar Wikipedia. Sanger, eclipsado por el éxito de Wales, enseguida abandonó Nupedia. En 2006, sólo cinco años después de que naciera Wikipedia, la revista Time catalogó a Wale como una de las personas más influyentes del mundo. En 2007, la revista Forbes le otorgó la posición número 12 dentro de la lista The web celeb 25, un ranking de las 25 personas más famosas de Internet. Sanger se debía estar tirando de los pelos, a esas alturas.

Actualmente, Wikipedia posee más de dos millones de artículos en inglés; la Enciclopedia Británica, 80.000. Si sumamos los artículos de Wikipedia en todos sus idiomas (éstos incluyen esperanto, kurdo, twi y así hasta alcanzar casi 300 lenguas, si bien se eliminó el klingon por considerarse una lengua «inventada»), la cifra asciende a más de 11.000.000. Más que todas las enciclopedias en papel juntas. El proyecto cuenta con más de 90.000 editores. Se consulta en el mundo casi 3.000 veces por segundo. Wikipedia, junto a Google, Facebook y Yahoo, es el sitio de Internet más visitado del mundo.

Sin embargo, lo más revolucionario de Wikipedia no son sus borgeanas hechuras, sino la capacidad de que cualquier usuario puede editar una entrada que considere incompleta o inexacta: si Guille quedara insatisfecho tras consultar la Enciclopedia Británica, no le quedaría otra que resignarse.

Llegados a este punto, cualquiera se preguntaría cómo es posible que Wikipedia no sea, en el peor de los casos, un millón de páginas de spam y, en el mejor, un puñado de comentarios superficiales y estultos a la altura de la mayoría de los foros que abundan en Internet. Nadie conoce exactamente la psicología que subyace en la dinámica de creación y edición de Wikipedia: con sus inexactitudes o su falta de profundidad, la inteligencia emergente ha concebido la enciclopedia que, en suma, presenta más ventajas que inconvenientes a la hora de obtener conocimiento fidedigno y contrastado del mundo.

El estudio más famoso que se trae a colación a propósito de la fiabilidad de Wikipedia es el publicado en diciembre de 2005 por la prestigiosa revista Nature, donde se comparaban los errores encontrados en Wikipedia en un número determinado de artículos y los encontrados en la Enciclopedia Británica. En el estudio se recogieron 42 artículos de estos dos pesos pesados del conocimiento y se entregó a un grupo de expertos a fin de que los analizaran, sin que los expertos supieran de antemano si leían una u otra enciclopedia. ¿Resultado del combate? 162 errores en Wikipedia. 123 errores en la Enciclopedia Británica. Casi los mismos, a pesar de que la Enciclopedia Británica era el epítome de las enciclopedias concebidas por expertos. El estudio, con todo, ha recibido algunas críticas, como una investigación llevada a cabo por Pierre Gourdain y su equipo, que señalan que la mayoría de los artículos seleccionados pertenecen a temas científicos y técnicos complejos, y por tanto están más a salvo de la polémica o el vandalismo online. Sin embargo, esté o no sobrevalorado el estudio de Nature, la simple comparación entre una enciclopedia de aficionados y abierta a la edición con el paradigma de la recopilación de conocimiento fiable resulta, cuando menos, significativa.

Al menos lo suficiente como para replantearnos que pueden existir fórmulas de colaboración desinteresada para crear conocimiento útil más allá de los títulos académicos, las jerarquías muy estratificadas o las remuneraciones con muchos guarismos. Algo que también se está poniendo de manifiesto en otros ámbitos de la creación de contenidos, desde el periodismo hasta la literatura. Hasta el punto de que muchas plataformas digitales han servido para criticar o corregir públicamente plataformas analógicas, más rígidas y refractarias a la autoevaluación, como es el caso de blogs de ciencia colaborativos como Naukas, Hablando de Ciencia o Malaprensa contra publicaciones como La Contra en el periódico La Vanguardia.

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Esta serie de artículos nos la envía Sergio Parra, periodista y escritor. Divulga ciencia en Xataka Ciencia, Quo, Conec, Mètode y, próximamente, en Instituto de la Felicidad de Coca-Cola, hace crítica cultural en Papel en Blanco y habla sobre viajes en Diario del viajero. También colabora con Editorial Planeta y asesora científicamente a RBA coleccionables, con quien ha publicado la biografía de Michael Faraday: Ciencia de alta tensión (RBA, 2013). Su último libro es una mezcla de viajes y ciencia: 300 lugares de verdad que parecen de mentira (Martínez Roca, 2013). Podéis seguirlo en twitter en @SergioParra_

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wikipediaJimbo, Shipmaster y Brassratgirl

Otorgar todo el mérito de Wikipedia a una masa indistinguible de lectores/editores constituiría una profunda injusticia: la mayor parte de Wikipedia procede del esfuerzo de un grupo relativamente pequeño de individuos (si lo comparamos con todas las personas que consultan Wikipedia). Sus nombres no son Aristóteles o Plinio el Viejo, sino Jimbo, Shipmaster o Brassratgirl.

Cientos de estos destacados editores de estrafalarios nombres de guerra se conocieron en persona en Alejandría, invitados expresamente por Wikipedia tras ocho años de existencia, en julio de 2008.James Gleick, en su libro La información, nos introduce en las vetas biográficas de uno de estos editores en la sombra que ha acabado obteniendo cierta reputación: el novelista Nicholson Baker, que en 2008 empezó en Wikipedia bajo el nick Wageless:

Empezó un viernes por la noche con el artículo sobre la somatotropina bovina y continuó al día siguiente con Sleepless in Seattle (“Algo para recordar”), periodización, y fluidos hidráulicos. El domingo tocó pornochanchada (películas brasileñas de sexo), un jugador de fútbol americano de los años cincuenta llamado Earl Blair, y otra vez fluidos hidráulicos.

Las decenas de miles de editores de Wikipedia son generalmente anónimos, sin embargo la UNE (UnitedNationsUniversity), junto a CollaborativeCreativityGroup y la Fundación Wikimedia, llevaron una encuesta global que mostrara datos sociodemográficos acerca de los editores. Los datos más llamativos reflejaban que el 87% de los editores de Wikipedia son hombres, y que los que tienen entre 22 y 29 años son la franja más numerosa; la franja que más contribuye son hombres de entre 29 y 40 años. Dada la juventud de la mayoría de editores, el 36% tienen estudios de secundaria, y el 25,5% estudios superiores sin titulación. Las mujeres, por su parte, muestran predilección por la edición de contenidos más generalistas que los hombres.

En el libroLa revolución Wikipedia leemos también algunas palabras de EspiritFugace, una editora francesa de Wikipedia que ha ascendido al estatus de Bibliotecaria (en Francia sólo hay a 167 personas con este estatus; en España algo más de un centenar): «Los días buenos, me puedo pasar diez horas en el sitio. Pero cuando estoy estudiando sólo le dedico dos o tres horas por las noches». Sin salir del ámbito francés, un profesor de Artes Plásticas de la Universidad de París-VIII, en Saint-Denis, Jean-Noël Lafargue, también es un entusiasta editor de Wikipedia. A los estudiantes que se matriculan en su seminario «Enriquecimiento de la enciclopedia Wikipedia» les propone mejorar Wikipedia con artículos sobre arte contemporáneo, o corregir y completar artículos ya existentes. No es la única iniciativa similar:en muchos institutos y universidades se proponen ejercicios para ampliar o mejorar Wikipedia, como es el caso de la versión catalana de Wikipedia: en 2007, la Generalitat catalana promovió la «maratón Wikipedia» en las escuelas de Cataluña para animar al alumnado y al profesorado a contribuir en el mayor hito enciclopédico de la historia.

En suma, no solo estamos frente a un grupo de intelectuales interconectados, sino ante toda una sociedad en red (intelectual o no), lo que permite construir cosas que técnica y socialmente eran imposibles hace apenas dos décadas. Hace dos décadas, Wikipedia o Kickstarter nos hubiesen sonado a fantasías utópicas. Sin embargo, las redes, conectadas de un modo tan inextricable que nuestro cerebro se ve incapacitado crear una imagen mental de ello, facilita el planteamiento de propuestas radicales y novedosas, como la democracia líquida, el arte financiado por micromecenazgo, los movimientos sociales organizados en pocas horas, las universidades abiertas y gratuitas como edX, Udacity o Coursera, la colaboración ciudadana para mejorar el barrio como SeeClickix o FixMyStreet o el mero intercambio de archivos en redes peer-to-peer (P2P). Las redes de pares están dinamitando los modelos jerárquicos o piramidales en el sentido más monolítico del término, por eso el 50% de las innovaciones de Procter & Gamble procede de las comunidades de pares en Internet, a pesar de que tienen a 700 químicos contratados, tal y como ha señalado Don Tapscott.

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Esta serie de artículos nos la envía Sergio Parra, periodista y escritor. Divulga ciencia en Xataka Ciencia, Quo, Conec, Mètode y, próximamente, en Instituto de la Felicidad de Coca-Cola, hace crítica cultural en Papel en Blanco y habla sobre viajes en Diario del viajero. También colabora con Editorial Planeta y asesora científicamente a RBA coleccionables, con quien ha publicado la biografía de Michael Faraday: Ciencia de alta tensión (RBA, 2013). Su último libro es una mezcla de viajes y ciencia: 300 lugares de verdad que parecen de mentira (Martínez Roca, 2013). Podéis seguirlo en twitter en @SergioParra_

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El tornillo de la pastilla izquierda del freno de la rueda posterior de la bicicleta de Ulrich Fuchs o la incomensurabilidad de Wikipedia (Parte 3)

wikipediaInterconexión

En las redes de pares es donde reside el secreto del éxito de Wikipedia, pero eso era algo que algunos ya intuían antes del advenimiento de Internet. Las economías que mejor han funcionado a lo largo de la historia han sido siempre las que mejor interconectaban a sus ciudadanos entre sí y con otras economías, y lo mismo puede imputarse en el ámbito de la creatividad o los hallazgos científicos. Los lugares donde se patentan más inventos no son los lugares donde nace la gente más inteligente, sino los lugares que más eficientemente dejan fluir la información. Las sociedades aisladas, como los habitantes de las islas del Pacífico o los aborígenes de Tasmania, son incapaces de obtener los mismos logros que las ciudades densamente interconectadas como Grecia, Italia u Holanda. A partir de determinada complejidad técnica, todos los logros humanos han sido fruto del trabajo en red, mediante la división del trabajo y el fomento de la inteligencia colectiva. Incluso para construir cosas tan aparentemente sencillas como un lápiz: el conocimiento completo de su fabricación probablemente no lo tiene nadie a título individual, sino que dicho conocimiento está distribuido por toda la sociedad, repartido entre varios miles de individuos, entre los que hay mineros que extraen grafito, leñadores que talan árboles o diseñadores del tipo de lápiz en cuestión. Algo que ya señaló Friedrich Hayek, señalando lo escasamente eficiente que un sistema de planificación central, porque la persona más inteligente nunca podrá competir con el cerebro colectivo, y en lo que abunda Matt Ridley en todas sus obras: «Al dedicarse cada individuo a una sola cosa y acabar haciéndola muy bien, y al compartir más tarde con otros los resultados de su saber y combinar lo aprendido, la gente adquiere la capacidad de hacer cosas que ni siquiera comprende».

Dicha red, además, independientemente de los mecanismos de control aplicados, de las jerarquías flexibles que puedan articular mejor la producción de conocimiento útil, mejora a medida que se incrementa el número de individuos implicados, la rapidez de la información y el acceso libre. De lo contrario, se crearían redes que han tenido sentido en el mundo 1.0 pero que palidecen si se comparan con en el contexto 2.0; redes que el neurocientíficoVilayanur S. Ramachandran describe irónicamente como un club de admiración mutua atascado en un callejón sin salida de la especialización:

Dicho club cuenta, por lo general, con uno o más popes, una jerarquizada curia de especialistas, una cohorte acólitos y un conjunto de supuestos orientativos y normas aceptadas que se guardan celosamente con un fervor poco menos que religioso. De hecho, los integrantes de ese club también se financian unos a otros, se revisan mutuamente los artículos, ponen buen cuidado en controlar recíprocamente las becas que consiguen y se conceden premios de manera endogámica.

En suma, el fenómeno recuerda a lo acaecido tras el invento de la imprenta de Gutenberg, tal y como señala ClayShirky en su libroExcedente cognitivo: «En comparación con la escasez de épocas anteriores, la abundancia origina una rápida caída de la calidad media, pero la experimentación en el tiempo compensa, pasa a ser superior que cualquier otro anterior».

El 11 de noviembre de 2001, el programador e ingeniero Greg Lindhal precisamente publicó la definición de software peer-to-peer en Wikipedia, cuando hacía pocos meses que se había estrenado la enciclopedia: «Una arquitectura de aplicación peer-to-peer se define porque cada nodo, o entidad lógica, de la aplicación global (consistente en todos los nodos iguales que están interactuando) puede actuar como cliente o como servidor, ya sea por turnos (roles en serie) o de forma simultánea (roles paralelos)». Obviamente la definición es un poco técnica y abstrusa, pero los siguientes años, casi 2.000 autores contribuyeron en ese artículo, haciendo más de 3.000 revisiones, mejorando la ortografía, la gramática, introduciendo ejemplos, enlazando sitios en Internet, etc.

Ahora, la entrada sobre peer-to-peer en Wikipedia tiene 5.000 palabras, veinte veces más que la entrada en la web de la Enciclopedia Británica. Millones de seres humanos informalmente coordinados generando un libro vivo de conocimiento que evoluciona para ser cada vez mejor. Una excelente definición del P2Pque existe gracias al P2P. Tal y como señala el periodista experto en cultura tecnológica XeniJardin:

El flujo de noticias que todos recordamos haber escuchado en nuestra infancia, que emanaba de una sola y autorizada voz a través de alguno de los tres únicos canales facultados para transmitirlo, se ha visto sustituido en la actualidad por una realidad que no solo presenta una índole caótica sino que, al revelarse capaz de hiperevolucionar, resulta mucho más difícil de definir.

Simplificándolo un poco, las creaciones de las redes de pares se parecen un poco al mundo de los amigos o de la familia a la hora de organizar un picnic, por ejemplo. Lo único que ha cambiado es el tiempo y el alcance de esa colaboración, que ha excedido el ámbito de lo familiar hasta alcanzar a pares que se encuentran en la otra punta del planeta. Este tipo de producción social, colaborativa y emergente es la tercera vía a las dos alternativas que hasta el momento teníamos a nuestra disposición para llevar a cabo actividades de gran envergadura: el sector privado, que paga a su trabajadores menos de lo que su producto cuesta en el mercado (fabricación de coches, por ejemplo) o el sector público, que aborda tareas cuyo valor es percibido como alto (organizaciones sin ánimo de lucro, construcción de carreteras, etc.). Dado que el comunismo (lo puramente público) y el capitalismo salvaje (lo puramente privado) no son soluciones viables, y a día de hoy aún se está tratando de conciliar ambas posturas en función de los objetivos que se pretende alcanzar, la tercera vía, las redes de pares, con Wikipedia al frente, se revela como una solución inédita reclama su cuota de protagonismo en un mundo cada vez más 2.0 que 1.0. Lo que algunos también han bautizado como estigmergia.

El 7 de julio de 2002, Tony Bartels, un profesor de matemáticas de Nebraska, introdujo la primera entrada en Wikipedia en inglés sobre la estigmergia, que definía como un método de comunicación en el que partes individuales de un sistema se comunican con otras mediante la modificación de su entorno, como las hormigas cuando dejan un rastro de feromonas. Decenas de ediciones más tarde, la entrada sobre la estigmergia se amplió significativamente, hasta que el 15 de julio de 2004, alguien identificado con la IP 63.146.169.129 señaló que Internet, en sí mismo, también era un producto de la estigmergia. Y ello incluía la propia Wikipedia: «La estructura masiva de información aquí disponible podría compararse a un termitero: un primer usuario deja una semilla de una idea (una bolita de lodo), que atrae a otros usuarios que seguirán construyendo a partir de ésa y modifican ese concepto inicial para conseguir al final una estructura elaborada de pensamientos interconectados.»

Jerarquías

Si bien en sus inicios Wikipedia se planteaba exclusivamente como una enciclopedia democrática donde un usuario equivalía a un voto, con el transcurrir de los años se ha hecho necesario articular una cierta jerarquía que evite que la enciclopedia funcione más allá de las bizantinas discusiones entre editores o el bloqueo de usuarios vandálicos. No constituye una jerarquía en el sentido tradicional del término. Esta estratificación ha sido definida por Don Tapscott empleando una analogía: el movimiento armónico de las bandadas de patos que vuelan en formación de V. Actúan al unísono pero sin un control centralizado, no obstante tienen una suerte de líder:

El ave que va delante de la V tiene que esforzarse más para volar debido a la resistencia del viento. Pero, cuando se cansa, otro individuo la sustituye en la posición de liderazgo. Las aves se rigen por lo que podríamos llamar un liderazgo basado en la colaboración.

Así pues, a fin de que Wikipedia no solo resalte por el volumen de sus artículos, sino también por su calidad, se ha institucionalizado una suerte de gobierno del conocimiento, en cuya cúspide encontramos el denominado Arbitration Comitee (ArbCom), el Comité de Resolución de Conflictos. Lo constituye un grupo de editores voluntarios que ha recibido el suficiente apoyo de la comunidad, en base a su reputación como editores y administradores, como para ejercer dicho cargo. En total, el ArbCom está formado por dieciséis individuos que se renuevan tras un mandato de dos años. Guiados por la Política de Arbitraje de Wikipedia, dirimen conflictos que no pueden ser solucionados de otro modo. El ArbCom también se encarga de seleccionar a los editores que tendrán acceso a la herramientas «checkuser» (comprobación de usuarios) o «oversight». A su vez, el ArbCom forma diversos subcomités que se ocupan de tareas más específicas, como el Subcomité de apelaciones a bloqueos (que estudia las apelaciones de los usuarios que han sido penalizados o bloqueados) o el Comité de auditoría (tres árbitros y un coordinador investigan las quejas sobre el uso de la herramienta de «checkuser», además de supervisar los privilegios de edición).

La única autoridad que existe sobre ArbCom es el propio Jimmy Wales, que como fundador de Wikipedia arbitra situaciones que el ArbCom no ha sido capaz de solucionar. Sin embargo, Wales no es un dictador, pues el propio ArbCom se encarga de decidir la renovación de su carga cuando expira su mandato. Tal como señala el propio Wales en un ensayo publicado en Wikipedia en el año 2002: «Las decisiones sobre políticas finales recaen sobre mí, como siempre. Pero la licencia (bajo la que se encuentra en funcionamiento Wikipedia) otorga un fuerte contrapeso a mi poder. Si intento desviarme de la NPOV (Neutral Point of View), imponer mi propia agenda política, entonces los contribuyentes podrían y deberían coger las bases de datos, el software y comenzar un proyecto nuevo.»

En el rango de la edición, los editores se dividen en función de las herramientas que se pueden utilizar. La clasificación está ordenada de menor a mayor grado de importancia, y pone de relevancia que el proceso de edición de Wikipedia está mucho más organizado y jerarquizado de lo que parece a primera vista:

  • Editor anónimo: es cualquier persona que no haya abierto una cuenta en Wikipedia. Tiene acceso a la modificación de artículos o páginas, excepto aquellas que disponen protección para evitar vandalismos (por ejemplo, la página de George Bush). También pueden intervenir en páginas de discusión.
  • Editor registrado / Autoconfirmado: los usuarios que han abierto cuenta en Wikipedia, dejando un rastro de reputación en base a sus aportaciones. Este tipo de editor está habilitado para editar páginas semi-protegidas, así como participar en las elecciones de determinadas tomas de decisión.
  • Administradores (sysops o SystemOperator): editores que han recibido el consenso de la comunidad para borrar, mover páginas, esconder y eliminar revisiones, editar páginas protegidas y bloquear y desbloquear cuentas de usuarios, entre otras acciones.
  • Burocrats (Bibliotecarios): además de todo lo anterior, pueden promover administradores y otros bibliotecarios o renombrar cuentas de usuarios.
  • Steward (Comisarios): tienen acceso a todos los proyectos de Wikipedia, así como a todas las páginas Wiki. Pueden otorgar o revocar privilegios de bibliotecarios y administradores, cambiar grupos y derechos a otros usuarios, entre otras funciones.
  • Developers: tienen permiso para escribir y gestionar el software MediaWiki.
  • Oversight: usuarios mayores de dieciocho años que pueden esconder, en lugar de suprimir, información que viole derechos de privacidad, copyright, vandalismo, etc.
  • Checkuser (verificador de usuario): usuarios mayores de dieciocho años que tiene acceso a las direcciones IP de otros usuarios, y por lo tanto a la lista de ediciones que haya podido realizar un usuario en particular desde una IP concreta.
  • Rollback: usuarios con acceso para revertir las ediciones de otros usuarios, es decir, haciendo regresar la página al estado previo a una edición concreta.
  • IPblock-exemp: usuarios exentos del bloqueo de IP.
  • AccountCreator: usuarios que no tienen restricciones para crear determinado número de cuentas al día.
  • Fundador: Jimmy Wales.
  • Bots: son editores robots que se encargan de detectar automáticamente un artículo o una página creada con un fin vandálico. Estos robots también son ayudados por patrullas humanas que vigilan los últimos cambios realizados en Wikipedia, como la Recent changes Patrol, que examina los últimos cincuenta cambios llevados a cabo en Wikipedia en busca de acciones malintencionadas. La New Pages Patrol hace lo propio con las páginas recién creadas.

Así mismo, los artículos de Wikipedia también reciben distinto prestigio en función de su calidad. Por ello encontramos Featured Articles (artículos destacados), Good Articles (artículos buenos), Quality Based Peer Review (basados en artículos científicos revisados por pares), etc. Los editores también pueden recibir medallas o puntos en función de la calidad de su trabajo, lo cual incrementa su prestigio frente a la comunidad.

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Esta serie de artículos nos la envía Sergio Parra, periodista y escritor. Divulga ciencia en Xataka Ciencia, Quo, Conec, Mètode y, próximamente, en Instituto de la Felicidad de Coca-Cola, hace crítica cultural en Papel en Blanco y habla sobre viajes en Diario del viajero. También colabora con Editorial Planeta y asesora científicamente a RBA coleccionables, con quien ha publicado la biografía de Michael Faraday: Ciencia de alta tensión (RBA, 2013). Su último libro es una mezcla de viajes y ciencia: 300 lugares de verdad que parecen de mentira (Martínez Roca, 2013). Podéis seguirlo en twitter en @SergioParra_

La entrada El tornillo de la pastilla izquierda del freno de la rueda posterior de la bicicleta de Ulrich Fuchs o la incomensurabilidad de Wikipedia (Parte 3) aparece primero en Naukas.

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